Perdida en el abismo de unas manos sin final, tan grandes que entrelazadas rodean mi vida sin darme apenas cuenta. Tus silencios van dejando huellas en mi cuerpo, paso a paso. Y volveré a pensar en ti cada segundo del resto de mis días, aún cuando nadie más se acuerde de ti, mis huesos continuarán llevando tu nombre tatuado. Todavía hay mañanas que me cuesta abrir los ojos, me da miedo. Sé que al abrirlos no estarás, volverás a estar lejos. No quiero... Volver a respirar el aire contaminado de hipocresía, de celos, de odio, tú no estarás para ayudarme. Cada día volveré a pensar en ti. ¿Por qué siempre tienes que estropearlo todo? Dame un empujón para que deje de querer que estés aquí. Volveré a pensar en ti. Mis ojos apenas se abren, son conscientes de que el aire está hecho de cristal, que me cortará cada vez que respire si tú no estás. Volveré a quererte en silencio. Y volveré a caer, lloraré. Y tú no estarás. Y volveré a ver tus manos, tu perfecta nariz. Volveré a notar tu olor, me lo imaginaré. Veré el color de tus ojos, la curva de tu boca estrellándose contra mí, como cuando las olas se entregan a las rocas en el mar... Y volveré a pensar en ti. Y entonces sabré que te quiero, que mi vida es azul. Déjame en paz, por favor... ¿Por qué no cortas de una vez esta cuerda?... se va rompiendo poco a poco, y cuando parece que se va a desgarrar se vuelve a juntar, así toda la vida. Mis lagrimas la estiran para separar las dos partes de la cuerda, tu sonrisa las vuelve a juntar. Arriba. Abajo. Enséñame a reír como tú lo haces. Marcame el camino a seguir, sin dolor. Cuantas cosas hemos vivido juntos sin estar al lado, qué de momentos preciosos. Mi vida es preciosa, porque mi vida eres tú. En realidad... ¿Qué más quiero? Já, no lo sé ni yo misma. Espérame abajo del precipicio, lo voy a hacer, voy a saltar. Voy a saltar porqué sé que tú estarás ahí abajo para sujetarme, tú con tu sonrisa y tu mirada, con tus manos. ¿Y qué más? Nada. No quiero nada más. La lluvia caerá, de nuevo, me mojará la cara, el pelo, como siempre. El sol calentará otra vez mi piel, la quemará, como siempre. Viviré por tu vida, como hasta ahora, como siempre. Y seguiré, estirar y estirar, y la cuerda no se rompe, y dejarme llevar por tu sonrisa, por el olor de tu pelo, por el tacto de tus manos. Una vez más. No controlar mis ganas de decírtelo a la cara. Expresarlo sin llorar, sin gesticular, sin hablar. Por dentro estoy muerta, morí hace tiempo, cuando tú eras niño. Ahora no tengo remedio. Tu camisa a juego con tus deportivas. Tus vaqueros rotos, tu sonrisa conjuntada con tu mirada. ¡Já! No tengo remedio... nunca lo tendré.